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LITERATURA

 

EGUZKILORE: la guardiana de las Puertas

Por Elvira Úriz

La palabra Eguzkilore está formada por dos palabras del euskera: Eguzki (Sol) + Lore (Flor).

Su nombre técnico es “Carlina acaulis” y es la flor seca de un cardo silvestre. A día de hoy es una especie protegida y está prohibido cogerla cuando crece en libertad, así que si veis una, limitaros a admirar su belleza. Tiene un par de características bastante curiosas y es que por un lado alrededor de su cabezuela tiene un disco blanco-plateado que se abre cuando brilla el sol y por otra es una planta que no se marchita y eso hace que mantenga su belleza.

Pero eso no es todo…Eguzkilore es un escudo mágico desde hace siglos.

Según la mitología vasca poseía las propiedades para  ahuyentar con su luz a los espíritus, las tormentas y cualquier otro peligro.Y así reza la leyenda…

 “Hace miles y miles de años, cuando los hombres empezaban a poblar la tierra, no existían ni el sol ni la luna y vivían en constante oscuridad, asustados por los numerosos genios que salían de las entrañas de la tierra en forma de toros de fuego, caballos voladores enormes dragones...

Los hombres, desesperados, decidieron pedir ayuda a la Tierra.

 

Y la diosa Ama Lur (Tierra) otorgó a los hombres a sus dos hijas Eguzki (el sol) e Ilargi (la luna) para que pudieran defenderse de los terribles genios que poblaban el antiguo planeta. Aún así, seguían temiendo las noches sin luna. Creían que era el momento en que las fuerzas maléficas que poblaban el mundo aprovechaban para robarles la vida. Y Ama Lur dijo a los hombres:

“Crearé para vosotros una flor tan hermosa que al verla los seres de la noche creerán que es el propio sol”

 Y Ama Lur concedió a lo hombres Eguzkilore.

Entonces los hombres decidieron poner la flor del sol, Eguzkilore, en las entradas de sus casas, y ocurría que cuando un maligno genio llegaba a la puerta  debía pararse para contar cada una de las hojillas o pelos de la flor. Y así, contando contando… llegaba el amanecer y debía marcharse.

Lo mismo ocurría con las malvadas lamias, que iban a las moradas de los hombres cuando llegaba la negrura de la noche, para llevarse a los niños. Pero antes de entrar debían contar los pétalos del Eguzkilore. Y es sabido que las lamias no eran muy listas con los números ni a la hora de contar, y para cuando llegaba el sol aún no sabían la respuesta…”.

Así que os invitamos a daros un paseo por los pueblos de Euskal Herria y acercaros a algunas casas o  caseríos porque es probable que veáis la Eguzkilore colgada sobre sus puertas, protegiendo  como fiel guardiana de todo mal a sus moradores.